Resolución de problemas elementales y complejos: ¿Qué se puede aprender de los pacientes con TDAH?

Sabrina Schuck y Francis Crinella publicaron en 2005 un artículo sobre el que llamó recientemente mi atención D. K. Detterman.

Me interesó su conclusión de que los niños con TDAH (ADHD) presentan un bajo funcionamiento ejecutivo (EF) y una capacidad intelectual general (CI) dentro del rango de la normalidad. Es decir, ambos factores psicológicos se encuentran disociados.

Naturalmente, esta conclusión contrasta con las entusiastas declaraciones de que, en realidad, el CI se puede explicar por el EF. Hace unos meses revisamos aquí críticamente una nueva propuesta teórica que seguía fielmente esa corriente: Process Overlap Theory.

Schuck y Crinella se basan en el masivo estudio del MTA Cooperation Group en el que se observó que el CI medio de niños con TDAH era de 101 (SD = 15). Este resultado me sorprendió porque conocía un meta-análisis en el que se concluía que los niños con TDAH presentaba un CI nueve puntos por debajo de la media de la población. Por cierto, en ese meta-análisis, las dos medidas de EF que usan Schuck y Crinella producen una diferencia de dos puntos (Wisconsin) y de quince puntos (CPT, Continuos Performance Test) respectivamente.

El contenido conceptual del artículo que estamos comentando es excepcional.

Revisan cuáles son los subtest del Wechsler que suelen revelar mayores diferencias en los TDAH: ACIDS (Arithmetic, Coding, Information, Digit Span, Symbol Search). Sin embargo, en su estudio la correlación entre esta puntuación ACIDS y el CI está por encima de 0.7, lo que impide que tenga un valor diagnóstico diferencial.

El EF implica el ‘dónde’ (where) y el ‘’ (whether) de la conducta, mientras que el funcionamiento no-ejecutivo implica el ‘qué’ (what) y el ‘cómo’ (how) de esa conducta.


Se revisa también la evidencia neurobiológica que puede ser relevante para comprender el TDAH, incluyendo la investigación con animales. Las estructuras corticales más relevantes son el núcleo caudado, la corteza dorsolateral frontal y los ganglios basales. Se discuten los datos farmacológicos (“el tratamiento con estimulantes mejora el EF de los TDAH”) y genéticos (“la heredabilidad llega hasta el 90%”).

Se subraya la relevancia que tienen los procesos de desinhibición para comprender los síntomas del TDAH (impulsividad, distracción, perseverancia, escasa persistencia, insensibilidad al feedback, ausencia de planificación y pobre modulación del afecto). La corteza frontal no es esencial para ninguna acción en concreto, sino para ejecutar, de modo ordenado y con un propósito, las conductas complejas, eso que Karl Lashley describió en los años 50 como “la sintaxis de la acción”.

En su propio estudio consideran 123 niños de entre 7 y 13 años de edad. Completan el WISC-III, el test de Raven (SPM), el CPT (errores en el control de impulsos) y el Wisconsin (inhibición de la tendencia a perseverar y capacidad para perseguir un objetivo).

El CI obtenido en el Wechsler por parte de este grupo con TDHA, socioeconómicamente selecto, fue de 106, igual que su rendimiento en el Raven.

Pero la parte más interesante es el análisis de las correlaciones entre las medidas. El rendimiento intelectual no se asoció a las medidas de EF, pero, además, las medidas de EF no correlacionaron entre sí --¡marca de la casa del EF medido con tareas conceptualmente simples!

Seguidamente calcularon un análisis de componentes principales considerando las 15 medidas, incluyendo las 3 de EF. Al revisar los valores del primer componente observaron que eran minúsculos para las medidas de EF: “g y EF son dimensiones independientes del rendimiento cognitivo”.

Los autores rechazan el protagonismo del lóbulo frontal. El rendimiento cognitivo recluta regiones distribuidas por toda la corteza. La inteligencia fluida y cristalizada se encuentran altamente correlacionadas, y, por tanto, es dudosa la tesis de autores como John Duncan, quien sostiene que la primera depende de los lóbulos frontales mientras que ese no es el caso para la segunda.

Hacia el final del artículo se discute la investigación con animales hecha por el equipo de los autores firmantes de este artículo.

Una de las conclusiones esenciales es que las lesiones que producen un mayor impacto negativo sobre los test de laboratorio que valoran el rendimiento cognitivo (g) en roedores (parietal, occipito-temporal, dorsal hippocampus, posterolateral hypothalamus, subthamalus, anterior thalamus) no se solapan con las estructuras responsables del EF (substantia nigra, caudatoputamen, ventral tegmentum, pontine reticular formation, globus pallidus, ventrolateral thalamus, median raphe, superior colliculus):

El sistema neuroanatómico que apoya los procesos de EF no es suficiente para convertirse en el sustrato biológico de g”.

Cuando se encuentra una correlación sustantiva del EF con la capacidad intelectual es porque las tareas de EF se complican, yendo más allá de los procesos básicos que definen ese EF (control de impulsos, cambio y mantenimiento de los objetivos).


¿Cuáles son las implicaciones de esta investigación?

Por un lado, a nivel clínico permite averiguar por qué los niños TDAH pueden mostrar un rendimiento adecuado en el laboratorio, pero pobre en la escuela:

El ambiente menos estructurado de la escuela aumenta el riesgo de sabotaje debido a su frágil EF
(…) los síntomas más preocupantes no se deben a un bajo CI, sino a la inestabilidad de los procesos de control que gobiernan las adaptaciones cotidianas al ambiente”.

Por otro lado, a nivel teórico el estudio de los TDAH permite distinguir la resolución de problemas elementales (EF) y complejos (g). Se lamentan de que los científicos se empeñen en reinventar la rueda. Hace mucho tiempo que se conoce la disociación del EF y de g, gracias a la excelente investigación de autores clásicos como Hebb o Halstead:

Sadly, the views of these early investigators are periodically rediscovered with scarce acknowledgement of their origins”.

No les voy a aburrir con la realidad de ese hecho. Los psicólogos somos especialistas en éstas prácticas caracterizadas por una amnesia inducida por la pereza y por el ansia de vender vino viejo en botellas nuevas.

En resumen, ¿qué pienso sobre este interesante artículo?

Que, aunque los análisis puedan mejorarse –por ejemplo, a) su cálculo de componentes principales puede ser mucho más informativo calculando un análisis factorial jerárquico (Schmid-Leiman) que permita ver cuáles son los factores primarios además del general y b) las medidas de EF pueden elegirse con mayor respaldo teórico—el hecho de que la capacidad cognitiva general (g) y el EF se encuentren disociados posee cruciales implicaciones para nuestra concepción teórica y nuestra rumiación sobre por qué las personas presentan distinto rendimiento cognitivo. Los procesos básicos del EF, incluyendo la atención –y esta idea la añado yo ahora—pueden ser unos pobres candidatos para dar cuenta de esas diferencias cognitivas.

Aunque los autores son taxativos al concluir que los TDAH no presentan un menor CI promedio que la población, el meta-análisis que comentamos antes les contradice.

En un revelador estudio que tuve oportunidad de explicar en unas jornadas sobre TDAH celebradas en Barcelona se observó que el patrón de desarrollo cerebral de pacientes de alto y bajo CI era marcadamente diferente. Si la diferencia promedio de CI es real, entonces un desarrollo cerebral atípico podría caracterizar a estos pacientes. Y si es así, no podemos ignorar la evidencia.

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The Neuroscience of Intelligence: A Personal Voyage

Richard J. Haier acaba de publicar un ensayo en Cambridge University Press. Sus 250 páginas son apasionantes. Recomiendo sin reservas a los jóvenes psicólogos que se encuentran en proceso de decidir a qué quieren dedicar su carrera científica, que hagan un hueco para leer esta breve obra. Ellos no se arrepentirán y seremos beneficiados quienes pensamos que resolver los misterios de nuestro principal atributo psicológico –es decir, la inteligencia—rendirá enormes beneficios a la humanidad.

Sus contenidos se basan en un curso de 18 lecciones que el autor preparó para ‘The Great Courses’ titulado ‘The Intelligent Brain’, que, por supuesto, también recomiendo.

El ensayo no es simplemente una puesta al día sobre la investigación de la inteligencia desde la neurociencia. Es el equivalente al ‘Cosmos’ de Carl Sagan, es decir, un viaje personal por la neurociencia de la inteligencia. Sus cuarenta años dedicados a la investigación científica le permiten extraer la esencia de lo que supimos, sabemos y, probablemente, sabremos.


El primer capítulo se dedica brevemente a la definición de inteligencia, su estructura, su medida y su validez predictiva. El segundo revisa el impacto de la genética sobre las diferencias de inteligencia. Los capítulos tres y cuatro exploran la neurociencia de la inteligencia en sentido estricto, separando los estudios clásicos y más recientes. El pivote entre ambos periodos es la publicación del modelo P-FIT en 2007. El capítulo cinco revisa críticamente los intentos de mejorar la inteligencia (“el propósito último de la investigación de la inteligencia es mejorar esta facultad humana (aunque) mi declaración de que la mejora es un objetivo importante no es compartida por todo el mundo”). Finalmente, el capítulo seis aventura qué puede suceder en el inminente futuro. En la web del ensayo se encuentra material gráfico y videos que se pueden descargar para completar el material impreso.

Es un viaje personal en sentido estricto. Desde el comienzo avisa de que el ensayo “no es neutral (…) la perspectiva que subyace a cada capítulo es que la inteligencia es un fenómeno 100% biológico, sea genético o no, ambiental o no, y que la biología relevante tiene lugar en el cerebro (…) el modo en que valoro la evidencia puede no ser del gusto de algunos paladares, pero eso es lo que hace que un libro como este provoque conversaciones, abra mentes, y, si hay suerte, promueva algún insight”.

En las primeras versiones de este ensayo, el autor propuso tres leyes en algún lugar recóndito de sus páginas. Fue sensible a mi sugerencia y, en la versión final, las puso en el lugar en el que les corresponde estar, es decir, en el prefacio. Son las siguientes:

1. Ninguna historia sobre el cerebro es simple.
2. Ningún estudio es definitivo.
3. Son necesarios varios años para poner orden en los resultados conflictivos e inconsistentes, así como para establecer una evidencia sólida.

No tengo intención de desvelarles los entresijos de lo que el autor va relatando a medida que avanzan las páginas. Pero puedo garantizarles que se divertirán aprendiendo.

Venimos manteniendo una relación profesional y personal desde que nos conocimos en 2005, cuando hice una estancia de tres meses en su departamento de la University of California at Irvine (UCI).

Una de las facetas destacadas de su personalidad es un británico sentido del humor. Este ensayo es una nueva demostración. En varias ocasiones no pude reprimir una carcajada y predigo que otros compartirán esa sensación.

Aquí va un listado de comentarios que no tienen desperdicio:

Es poco probable que conozcas a un verdadero genio, aunque muchos padres aseguran que ellos conoces al menos a uno”.

Uno de mis profesores solía decir que la mayor parte de la gente define una pregunta como justa cuando ellos saben responderla correctamente”.

Aunque creas que has conocido a una persona con un nivel de inteligencia de cero, seguro que no es así”.

Los investigadores llamaron a esa camada (prodigiosa) de ratones ‘Doogie’, inspirándose en un personaje televisivo que representaba a un adolescente precoz en una escuela de medicina. Este logro (los ratones, no el programa televisivo) se basó en una investigación previa que reveló que un receptor sináptico (NMDA) estaba relacionado con la memoria y el aprendizaje”.

Por un lado, China invierte enormes sumas de dinero en esta caza –de genes asociados a la inteligencia—y, por otro lado, la mayoría de los congresistas estadounidenses no creen en la evolución. En serio”.

Las agencias federales se inclinan a financiar la investigación sobre trastornos (y la estupidez sigue sin ser una categoría reconocida por el NIH, por lo que no existe un instituto para estudiarla) sobretodo si el proyecto menciona el CI (IQ)”.

La adquisición masiva de máquinas de resonancia por parte de los departamentos de psicología con el cambio de siglo fue un hecho predicho por al menos un investigador clarividente (Haier, 1990)”.

El lenguaje cuenta. Nadie se escandalizaría al sustituir ‘razonamiento’ por ‘inteligencia’, aunque algunas instituciones que financian la investigación puedan pensarlo”.

Las tres condiciones experimentales fueron escuchar la Sonata para dos pianos en D mayor de Mozart, escuchar una cinta de relajación y escuchar el silencio (sé que no puede usted escuchar el silencio, pero la frase exige una construcción paralela)”.

Estimularte el cerebro con dispositivos eléctricos comerciales o caseros puede tener consecuencias no deseadas. Por favor, no compitas por un Premio Darwin”.

Las pesadillas de los neurocientíficos son los motores del progreso”.

Un nuevo método para editar el genoma humano se conoce como CRISPR/Cas9. Yo tampoco entiendo qué significa, pero el método usa bacterias para editar el genoma de células vivas cambiando determinados genes”.

¿Qué sucedería si un gobierno se olvidase de la exploración del espacio y anunciase que su principal objetivo es encontrar el modo de aumentar una desviación típica el nivel intelectual de sus ciudadanos?

Suena a ciencia ficción, pero está pasando ahora en un laboratorio cerca de tu casa. Guionistas, presten atención”.

Les aseguro que leer a Haier estimulará su pasión por la investigación científica en general, y por el estudio de la inteligencia humana en particular.

Quiero comentar, para cerrar esta reseña, que durante mi estancia en su universidad, él y Rex Jung estaban trabajando en la formulación del modelo P-FIT. Originalmente, el título que deseaban darle a ese modelo era algo así como ‘The Einstein Hypothesis’ porque querían subrayar el protagonismo del lóbulo parietal sobre el frontal (una característica destacada del físico alemán). Discutimos algunas ideas sobre ese modelo en directo y, más adelante, fui invitado a comentar la versión final del artículo publicada en 2007.

Como se explica en este ensayo, la publicación de ese modelo constituye un antes y un después en el estudio de la inteligencia humana desde la neurociencia. El interés ha ido creciendo, para mayor beneficio del avance en nuestro estado de conocimiento.

Aún queda mucha tela por cortar. La pregunta de ‘por qué hay personas más inteligentes que otras’ sigue sin respuesta. Pero se van construyendo patrones que nos llevarán a diseñar vestidos cada vez más ajustados. Comparto el optimismo y el entusiasmo de Haier.

Háganse con un ejemplar de su ensayo y lean. Se lo pasarán genial.

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La Parada de los Monstruos –por Óscar Herrero Mejías

Recientemente tuve la oportunidad de ver de un tirón la vieja película La Parada de los Monstruos (Freaks), dirigida por Tod Browning en 1932. Guardo un recuerdo difuso de mi infancia acerca de esta película, probablemente imágenes del anuncio de su emisión de madrugada en algún oscuro espacio de La 2.

Harry Earles, un amigo alemán del director que sufría un trastorno del desarrollo por el que tenía una eterna apariencia infantil (¿le conocería Gunter Grass?) le sugirió la posibilidad de adaptar el cuento La espuela al cine. El resultado sería Freaks.

La historia transcurre en un circo ambulante que incluye entre sus artistas a numerosas personas con graves discapacidades que sirven como atracción para un  público cruel. Uno de ellos es Hans (interpretado por el propio Earles), que está a punto de casarse con su prometida Frieda (su hermana en la realidad).

Pero Hans es seducido por la pérfida Cleopatra, una trapecista manipuladora que finge amarle para sacarle el dinero, con la ayuda del forzudo Hércules. Cuando descubren que Hans ha recibido una sustanciosa herencia, deciden que Cleopatra ha de casarse con Hans y posteriormente asesinarle.

En el banquete de boda, la comunidad de artistas discapacitados ofrece a Cleopatra ser “uno de ellos” bebiendo champán de una gran copa, a modo de rito iniciático. Ella explota, se ríe de todos los presentes, les humilla.

Tras la boda comienzan un envenenamiento progresivo que es finalmente descubierto por Hans y sus amigos.

Una noche de tormenta, mientras que los carromatos se trasladan a otro pueblo, la familia circense lleva a cabo su venganza. Lo que hasta ese momento era una fábula plagada de personajes con interpretaciones afectadas, se convierte durante sus últimos minutos en una película de terror.

La comunidad de rarezas emerge de la oscuridad, arrastrándose en el lodo con cuchillos en la boca, dispuestos a convertir a Cleopatra en una de ellos pero esta vez de forma definitiva. La trapecista corre hacia el bosque, pero pequeñas figuras le siguen veloces.

El reparto está compuesto por artistas de circo reales, como los hermanos Earles (que formaban el grupo The Doll Family), el guayano Prince Randian que carecía de brazos y piernas, John Eck (conocido como Half Boy), o Schlietzie (que sufría una grave microcefalia y que es una de las imágenes icónicas de la película).

La película fue un fracaso de crítica y taquilla. Sus imágenes perturbadoras desagradaron al público de la época. De hecho durante mucho tiempo estuvo prohibida en Inglaterra.
  
No es una película fácil de ver, pese a que dura apenas una hora.

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