viernes, 21 de octubre de 2016

El ‘Brain Training’ y sus Críticos

Hace unas semanas me confirmaba un colega, que se encuentra ahora trabajando en un centro de investigación estadounidense, que la comunidad científica consideraba clínicamente muerto el campo del conocido como ‘Brain Training’. Casi nadie confía ya en que se pueda esperar nada interesante. Los científicos han dado carpetazo y miran hacia otro lado. Buscar financiación para seguir investigando cómo se pueden mejorar las capacidades cognitivas se considera una pérdida de tiempo.

El informe publicado en abierto en ‘Psychological Science’, y coordinado por Daniel Simons, del Departamento de Psicología de la Universidad Illinois en Urbana-Champaign, ha sido el encargado de cerrar una excitante época en la que se llegó a pensar que era posible mejorar esas capacidades mediante el entrenamiento cognitivo.

Pero aún no está todo el bacalao cortado, a pesar de Simons y sus colegas.

El CEO de Posit Science, Henry Mahncke, publicó hace una semanas un post en el blog de su compañía en reacción al artículo de Psychological Science.

Así se puede resumir el contenido del escrito de Mahncke:

Si estos autores se encontrasen a una perro que habla, probablemente protestarían porque su vocabulario es pobre”.

El CEO compara el celebrado trabajo que hizo famoso a Simons sobre la atención –el experimento del Gorila—con la estrategia que siguen los autores del informe de la American Pychological Science (APS) para destruir un fértil campo de investigación y desarrollo:

Al leer el informe de la APS te invade la sensación de volver a vivir el experimento del gorila.
Los autores dirigen cuidadosamente la atención hacia un impresionante números de detalles, y le piden al lector que preste atención, subrayando las limitaciones de decenas de estudios concretos.
Sirviéndose de esa estrategia logran impedir que el lector vea el gorila que está en la habitación –puesto que la plasticidad puede cambiar cerebro y el cerebro responde a las funciones cognitivas, la plasticidad del cerebro puede cambiar las funciones cognitivas.
Ese es el gorila que recorre las más de setenta páginas del artículo de la APS.
Pero, gracias al trabajo previo de Simons, debemos estar alerta ante su truco”.

Mahncke va directo a la yugular y recuerda que ese informe está firmado exclusivamente por psicólogos.

Su post es también rico en detalles. Menos, naturalmente, que el artículo de la APS porque el CEO quiere dirigir nuestra atención hacia el gorila. Nos invita a preguntarnos por qué un grupo de científicos (psicólogos), anclados en un viejo paradigma, se resisten a aceptar los hechos sólidos que se han acumulado en los últimos años. Por supuesto que se han publicado informes con dudosos resultados. Naturalmente que se pueden formular numerosas críticas. Pero eso es algo esperable cuando los científicos, no solamente los psicólogos, se meten en un jardín desconocido.

La base empírica de Posit Science se cimenta sobre la extensa y pionera investigación de Michael Merzenich en relación a la plasticidad cerebral. Coincidí con este autor en el encuentro que tuvo lugar en el Banbury Center en 2008, apadrinado por James Watson, para responder a la pregunta ‘How Can We Improve Our Brains?’. Hizo allí un resumen que demostraba lo que Mahncke subraya en su post:

Cambiar el input que recibe el cerebro cambia dramáticamente su organización
(...) la investigación de Mike fue atacada repetidamente porque no encajaba en el paradigma dominante: los cerebros no pueden cambiar.
Un Premio Nobel que había estudiado la plasticidad de los niños, replicó en su laboratorio una serie de experimentos hechos por Mike para demostrar que se equivocaba.
Sin embargo, comprobó que Mike no se equivocaba y reconoció públicamente que era necesario cambiar de paradigma”.

Sin embargo, como demuestra el artículo de la APS, las cosas no son tan sencillas. Cambiar de paradigma, como nos explicó Thomas S. Kuhn hace mucho tiempo, es más difícil de lo que parece.

Les recomiendo que se lean cuidadosamente el post de Mahncke. Por supuesto, también el artículo de Simons y sus colegas.

Y si les interesa saber qué pienso yo sobre esta historia, usen el siguiente enlace:



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