lunes, 16 de mayo de 2011

Howard Gardner

A las puertas del tercer milenio el periodista John Horgan publico la obra titulada ‘La mente por descubrir’ (1999). Entre sus tareas se encontraba la de entrevistar a Howard Gardner, quien, a las primeras de cambio, le hizo saber a Horgan que la Psicologia estaba muerta, que el 95% de los psicólogos carecía de dotes para entrar en la psique de los demás. Para él, “la mayoría de los psicólogos son estudiantes de Química que se pasan a la Psicologia porque no sacan buenas notas en su disciplina de origen”.

Esta 'confesión' llama la atención viniendo de un psicólogo profesor de Pedagogía en la Universidad de Harvard. Este científico social, que, por lo que vemos, no estima demasiado a su gremio, se hizo famoso por su tesis --cero original, por cierto-- de que los humanos no poseen una inteligencia única, sino inteligencias múltiples que sirven a distintos propósitos.

Comenta Horgan que esperaba encontrarse con una persona seria y afable, pero lo que tuvo delante durante su entrevista fue una "lengua afilada contra las ciencias sociales". Según Gardner, la Psicologia no ha logrado descubrir nada relevante en sus años de existencia. Y lejos de apoyar una visión empírica de la disciplina, este profesor de Harvard propone una aproximación literaria a la conducta humana. De hecho, Freud es uno de sus ídolos.

Virtualmente todos los estudios científicos disponibles han rechazado el enfoque de Gardner sobre las inteligencias múltiples. Su base empírica es inexistente. Aun así, es innegable que su 'visión' –y el término es realmente apropiado-- ha tenido una sobresaliente influencia, especialmente en el contexto educativo. Este hecho dice bastante poco sobre los controles de calidad de los protocolos que se aplican en las ciencias sociales. Los argumentos de autoridad que provienen de Harvard pesan mas que la rigurosa investigación hecha en, pongamos por caso, Pensilvania, Barcelona o Tokio.

Según el análisis de Charles Murrayla teoría de las inteligencias múltiples permite justificar el romanticismo educativo. La declaración verdadera de que la gente puede poseer muchas capacidades diferentes, se convierte fácilmente en una mentira: la mentira de que todo el mundo es bueno en algo, y que los educadores pueden usar ese algo para compensar las deficiencias”.

El enfoque de Gardner no es inofensivo, sino que ha hecho, y, por desgracia, seguirá haciendo, mucho daño allí donde lo que propone tiene eco.

Ahora los españoles le concedemos el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales. El jurado ha fallado en su favor frente a otros 30 candidatos. No sé quienes eran sus oponentes, pero es un premio inmerecido que tendrá numerosos daños colaterales. Ese premio ejercerá un nocivo efecto halo sobre la veracidad de su visión. Si le hubieran dado el premio de literatura –en su vertiente de ciencia ficción-- no tendría objeciones, pero el de ciencias sociales me parece un insulto para quienes se esfuerzan por encontrar conocimientos válidos sobre el comportamiento y la mente humana.

Es bárbaro, en el peor sentido, concederle este prestigioso premio a alguien que odia con entusiasmo a las ciencias sociales y engaña vendiendo vanas esperanzas a quienes se encuentran desesperados.

La semana pasada Patricia Matey escribía un artículo para el diario El Mundo titulado "los expertos aplauden el premio de Gardner". Según ella, "todos los especialistas coinciden en que es un premio merecido". La autora del artículo cita a tres 'expertos', pero, curiosamente, uno de ellos ha llegado a enviarme espontáneamente información sobre la debilidad de la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner. Me permito dudar, por tanto, de que los otros dos hayan dicho lo que Matey quiere que digan.

Tengan claro que los expertos en inteligencia humana no pueden aplaudir el premio de Gardner porque es inmerecido y provocará el virulento resurgir de estrategias pedagógicas dañinas para nuestros chicos. Lamento la situación y nada me gustaría más que se llevasen a cabo acciones de protesta institucional por su concesión.

9 comentarios:

  1. Con su permiso, me llevo su comentario a mi café.

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  2. Qué mirada más cautivadora, Dios santo.

    No, si ya lo decía Galton...

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  3. Gregorio: un placer.

    Anónimo: la inteligencia cautivadora será añadida en breve al magnífico listado generado por él.

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  4. Uniendo los dos últimos posts podríamos hacer un bonito concurso sobre que tribunal se ha lucido más, el que otorga el Principe de Asturias, o el que otorgó el Nobel de la Paz.
    Por cierto, quien demonios le chivo a Gardner mi paso por la Facultad de Químicas!!!!!

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  5. Andre, no subestimes la red de informadores, de extraordinaria inteligencia inter-personal, de este gran pensador de Harvard. Respecto a los tribunales, no hay mucho que decir, salvo que deben valorar quién puede darles más publicidad, sea al precio que sea. La Psicología es fuerte socialmente, pero a píe de calle, no en las instituciones que adoptan decisiones. O se logra cambiar la situación, o nuestro futuro no pinta demasiado bien.

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  6. Con retraso por haber estado de viaje, me gustaría hacer un breve comentario. Sin duda estoy de acuerdo en que la teoría de las inteligencias múltiples no es una propuesta sólida ni clarificadora, y admito que no tiene apoyo empírico. Sin embargo, lo que no me queda nada claro es cómo puede llegar a tener tanta aceptación y merecer un premio tan prestigioso como el Príncipe de Asturias. Tampoco entiendo que llegue a ser profesor de una universidad tan prestigiosa como Harvard. Errores de este calibre necesitan una explicación algo más enjundiosa que la que ofreces, Roberto. La acogida entre las persona dedicadas a educación no especialistas en psicología puedo entenderla, pero no la otra, la que procede de la propia comunidad científica. Al final uno termina pensando que los ideales rigurosos de la investigación científica son, para la comunidad real de científicos, lo que el Sermón de la Montaña para muchos clérigos: palabras vacías en las que se amparan para ganarse la vida. De ser así, el problema es bien grave y ofrece una visión más bien pesimista de los seres humanos, incluidos sus especímenes más cualificados. Os recuerdo que en un reciente informe sobre la opinión que les merecen a los españoles algunas instituciones, la Universidad y los científicos ocupaban los dos primeros lugares: Toharia, José Juan (ed.) Pulso de España, 2010 Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, S.L.

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  7. La teoría de este señor es a la inteligencia lo que la de McDougall a la motivación. Todo con un halo de buenismo perroflaútico encomiable, faltaría más.

    Una pena que estos premios, que llevan años prostituidos al menos en su versión deportiva, no sirvan ni para discriminar en parcelas tan importantes. (Por cierto, alguien sabe por qué está Punset en un jurado para el premio de Investigación?).

    Saludos,
    Óscar.

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  8. Gracias por tu comentario Félix. Yo no puedo hacer más que denunciar lo que considero oportuno. Pienso que, por ahora, las pruebas no favorecen en absoluto la visión de Gardner. Además, su enfoque puede hacer mucho daño al intentar llevarse a la práctica.

    Óscar: supongo que Punset está en ese tribunal porque es terriblemente famoso y ese hecho realza, presuntamente, a la institución.

    Salu2, R

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